Dejarnos mirar por la Virgen

El Papa Francisco no invita a dejarnos mirar por la Virgen, la madre que espera.

Las siguientes palabras se las dirigió a sacerdotes durante su visita a Méjico. Palabras que nos ayudan a todos pues, por nuestra vocación cristiana, estamos llamados a cuidar a otros.

Primera mirada

María nos mira de modo tal que uno se siente acogido en su regazo. Ella nos enseña que «la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena, no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia». Lo que sus pueblos buscan en los ojos de María es «un regazo en el cual los hombres, siempre huérfanos y desheredados, están en la búsqueda de un resguardo, de un hogar». Y eso tiene que ver con sus modos de mirar: el espacio que abren sus ojos es el de un regazo, no el de un tribunal o el de un consultorio «profesional». Si alguna vez notan que se les ha endurecido la mirada -por el trabajo, por el cansancio … les pasa a todos-, que cuando ven a la gente sienten fastidio o no sienten nada, deténganse, vuelvan a mirarla a ella; mírenla con los ojos de los más pequeños de su gente, que mendiga un regazo, y ella les limpiará la mirada de toda «catarata’ que no deja ver a Cristo en las almas, les curará toda miopía que vuelve borrosas las necesidades de la gente, que son las del Señor encarnado, y les curará de toda presbicia que se pierde los detalles, «la letra pequeña” donde se juegan las realidades importantes de la vida de la Iglesia y de la familia. La mirada de la Virgen cura.

¿Reconozco mi debilidad ante la mirada de la Virgen y me siento acogido/a por su amor de madre?
¿Me dejo llevar por la “mirada dura” o reconozco que lo que cura es la dulzura de la misericordia?

Segunda mirada

Otro modo de mirar de María tiene que ver con el tejido: María mira «tejiendo», viendo cómo puede combinar para bien todas las cosas que le trae su gente. Les decía a los obispos mexicanos que, «en el manto del alma mexicana, Dios ha tejido con el hilo de las huellas mestizas de su gente, y ha tejido el rostro de su manifestación en la Morenita” Un maestro espiritual enseña que lo que se dice de María de manera especial, se dice de la Iglesia de modo universal y de cada alma en particular (cf Isaac de la Estrella, Sermón 51: PL 194, 1863). Al ver cómo tejió Dios el rostro y la figura de la Guadalupana en la tilma (o capa exterior usada por los hombre) de Juan Diego, podemos rezar contemplando cómo teje nuestra alma y la vida de la Iglesia. Dicen que no se puede ver cómo está «pintada» la imagen. Es como si estuviera estampada. Me gusta pensar que el milagro no fue sólo «estampar pintar la imagen con un pincel», sino que «se recreó el manto entero», se transfiguró de pies a cabeza. ( … ) La misericordia hace eso mismo con nosotros, no nos «pinta» desde fuera una cara de buenos, no nos hace el photoshop, sino que, con los hilos mismos de nuestras miserias pecados -justamente con esos-, entretejidos con amor de Padre, nos teje de tal manera que nuestra alma se renueva recuperando su verdadera imagen, la de Jesús.

¿Reconozco que estoy “tejido”, estoy rehecho por le amor de Dios y soy pecador en busca de santidad?
¿Descubro en mi mi pecado y mi “santidad”, mi deseo de santidad?

Tercera mirada

El tercer modo de mirar de la Virgen es el de la atención: María mira con atención, se vuelca toda y se involucra entera con el que tiene delante, como una madre cuando es todo ojos para su hijito que le cuenta algo. y también las mamás, cuando la criatura es muy pequeña, imitan la voz del hijo para que le salgan las palabras: se hacen pequeñas. Como enseña la bella tradición guadalupana -sigo refiriéndome a México-, la Morenita custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios. ( … ) Si no eres capaz de custodiar el rostro de las personas que llaman a tu puerta, no serás capaz hablarles de Dios.

¿“Custodio”, guardo el rostro de las personas que acuden a mi?
¿Reconozco la búsqueda de Dios que hay en tantas y tantas persona?

Cuarta mirada

Por último, ¿cómo mira María? María mira de modo «íntegro», uniendo todo, nuestro pasado, presente y futuro. No tiene una mirada fragmentada: la misericordia sabe ver la totalidad y capta lo más necesario. Como María en Caná, que es capaz de compadecerse anticipadamente de lo que sucede, la falta de vino, y de lo que eso acarrea para la fiesta de los esposos. Y pide a Jesús que lo solucione, sin que nadie se de cuenta. Así toda nuestra vida podemos verla como “anticipada por la misericordia de María” que previendo nuestras carencias ha previsto todo lo que tenemos.
Maria mira la historia con misericordia eficaz. Misericordia que ayuda a otros.

¿Miro a los otros con ojos de misericordia, como María?
¿Me adelanto a responder a lo que necesitan?

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