Dios Padre, me has dado la existencia. Oración.

En todo hombre hay un espacio de soledad que ningún vínculo humano puede colmar, ni siquiera el amor humano más fuerte. El que se niega a entrar en este espacio de soledad se pone en situación de rebelión, de rebelión contra los hombres e incluso contra Dios. Cristo te espera en la profundidad de tu ser, donde nadie se parece a nadie.

«YOUCAT – Tu libro de oración»

Dios Padre me has dado la existencia

Señor y Padre mío,
nunca me he preguntado
por qué me has creado,
qué deseas de mí,
qué tarea y misión me has encomendado
con las fuerzas y energías que me has dado.

Porque me amas he venido a la existencia,
me has querido hijo tuyo.
Me has hecho capaz de amarte
y de caminar por esta tierra
como hermano de los que me acompañan.
Me has encomendado este mundo
para hacer con todos tu familia.
No siempre me siento así,
ni vivo así,
ni soy como tú quieres.

Cada mañana cuando me levanto
te doy gracias,
y suplico tu ayuda
para ser a fondo lo que soy
y lo que tú esperas de mí.

Al acostarme por la noche, terminada la jornada,
te pido perdón por lo poco que he hecho,
por lo poco que he amado,
por lo poco que he mejorado,
por el poco cuidado que he tenido del mundo,
y te doy gracias de nuevo
por el tramo de camino recorrido contigo
y con los hermanos.

Señor, soy un regalo tuyo
¿Vivo con estos sentimientos y estas experiencias?

Quiero sentirte muy cerca, Dios mío

Tú sabes, Dios mío,
que mi mente y mi corazón durante el día
están lejos de ti.
Son tantos el trabajo,
las responsabilidades,
las cosas que debo hacer,
las personas que tengo que ver y tratar,
que poco espacio dejo para ti.

Gracias por este momento de oración.
Quiero acercarme a ti,
y quiero sentirte muy cerca de mí.

En ti encuentro a los que quiero,
a los que tengo en casa y en el trabajo,
a los que veo por las calles,
a aquellos con los que he discutido o enfadado,
a los que he ayudado a sonreír y a esperar.

En ti me reencuentro
con el trabajo realizado,
con las cosas que valoro
y me dan bienestar,
con todo lo que me causa sufrimiento y dolor,
con mis miserias y pecados,
con el mal que daña
a tantos hombres y mujeres,
a tantos niños y ancianos,
aquí y por todas partes.

Y si ahora tengo un momento para ti
y te he dado un espacio en mi corazón,
ahora, también, me doy cuenta
de que Tú no te has movido nunca de mi lado,
y de que estás con los míos
y en medio de todos.

Señor, quiero estar cerca de ti,
quiero sentirte cerca de mi, siempre.

Mi vida, una ofrenda a Dios y a los hermanos

Cuando tenga hambre, Señor,
dame a alguien a quien dar de comer.
Cuando tenga sed,
dame a alguien a quien dar de beber,
cuando tenga frío,
alguien a quien abrigar.

Cuando esté triste,
dame a alguien a quien consolar,
y cuando me encuentre abatido,
alguien a quien animar.
Cuando me pese mi fardo,
cárgame el de los demás.
Cuando necesite ternura,
que alguien me pida la mía.

Que no me encuentre nunca
al término de mi quehacer,
y no piense nunca
haber cumplido con todo mi deber.

Que todo lo que hay en mí de bueno
sepa que no es mío sino tuyo …
y no lo olvide nunca, Señor.

Que tu voluntad sea mi alimento;
tu gracia, mi fortaleza;
tu amor, mi descanso.

Que toda mi vida sea
una ofrenda perpetuamente dirigida a ti,
Padre santo!,
hasta el día en el que te plazca tomarla.

Señor, ¿a quienes me estás dando cada día
para que yo les acoja como Tú me acoges?

Dar cada día la vida poquito a poco

Eso es lo que me humilla y a menudo me desalienta:
ser incapaz de dar mi vida, toda mi vida,
poquito a poco,
cada día, cada hora, cada minuto,
dar, siempre dar
y darme.

Me siento incapaz,
y sin embargo es lo que tú me pides.

Soy incapaz, Señor, de dar toda mi vida poquito a poco.
Creo, Señor, que sería capaz alguna vez
de hacer actos extraordinarios ante una injusticia,
ante la miseria que sufren tantas personas,
ante un peligro que amenazara a mi gente.

Pero de dar cada día mi vida,
toda mi vida por los demás,
poquito a poco,
me siento incapaz.

Hasta llego a creer, algunos días,
que sería capaz de darla toda de una vez,
por los míos,
por mis ideales,
por mi amor.
Y eso me tranquiliza porque nos dijiste:
«dar la vida por los demás
es la prueba más grande de amor».
Pero de dar cada día mi vida,
toda mi vida por los demás, poquito a poco,
me siento incapaz.

Señor, deseo gastar mi vida, cada día, poco a poco,
por todas las personas que pones en mi vida.
Dame tu fuerza.

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