En la tarde de ayer, por segundo año consecutivo, la Basílica Menor de San Ildefonso acogió la celebración en honor a Nuestra Señora de Guadalupe.
Son muchos los americanos que viven en nuestra ciudad, y Nuestra Señora de Guadalupe se hace también presente para acogerlos y acompañarlos lejos de su tierra. Ella nos une a todos, nos hermana y se manifiesta como Madre a ambos lados del océano. Qué mejor ocasión para celebrarlo que en la festividad de la Emperatriz de las Américas: Nuestra Señora de Guadalupe.
La jornada comenzó con el rezo del Santo Rosario, en esta ocasión el Rosario Guadalupano, que invita a la reflexión sobre la aparición de la Virgen al indígena Juan Diego en el monte Tepeyac. A continuación, se celebró la Eucaristía, durante la cual don Carmelo recordó la historia de dicha aparición y el mensaje que la Virgen de Guadalupe transmite a través de ella: la sencillez, la humildad, el amor a su pueblo con las manos abiertas, su mirada maternal hacia sus hijos y el deseo de permanecer entre nosotros en la humilde tilma de Juan Diego y en la pequeña capilla que ella misma pidió construir, hoy convertida en la gran Basílica del Tepeyac.
La música no podía faltar en esta celebración. El coro de las familias de la parroquia acompañó la liturgia con sus cantos, y la joven Natalia Alegrías ofreció a la Virgen Morena una emotiva oración hecha canción.
Poco a poco, esta celebración va afianzándose en la vida parroquial. Se espera que, con el paso de los años, sean cada vez más los fieles que se acerquen a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe.






