Ven Espíritu Santo

Agua de mayo que refresca y calma los ánimos presentes. El orbe entero se abalanza a cubrirnos con el abrazo Divino de la paz y el amor de Dios, la luz del sol aprovecha la refracción que provocan esos diminutos prismas que llamamos gotas, para crear un arco de colores que son resumen de la grandeza de la creación.

¿Qué pretendes, arco iris, con tu presencia? Tu aparición continua en estas fechas nos quiere mostrar la puerta del cielo, puerta por la que en breve ascenderá el Señor en toda su gloria, la misma por la que nos vendrá a la semana siguiente el Espíritu de Dios.

Al Paráclito lo esperamos con esperanza y deseo, porque necesitamos su fuerza para superar las durezas del devenir diario, necesitamos su fuego para amar a los demás como Dios nos ama, necesitamos su aliento para soportar los reveses de esta vida, necesitamos su luz para ver más allá de nuestro yo.

Por eso os invito a invocarlo en estos días rezando la secuencia de Pentecostés:

Ven Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido.
Luz que penetras las almas,
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo.
Tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego.
Gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del alma
si tú le faltas por dentro.
Mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo.
Lava las manchas.
Infunde calor de vida en el hielo.
Doma el espíritu indómito.
Guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito.
Salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

Enrique Jiménez

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