«Hablamos con el Señor», sábado 23 de noviembre de 2019

En todo hombre hay un espacio de soledad que ningún vínculo humano puede colmar, ni siquiera el amor humano más fuerte. El que se niega a entrar en este espacio de soledad se pone en situación de rebelión, de rebelión contra los hombres e incluso contra Dios. Cristo te espera en la profundidad de tu ser, donde nadie se parece a nadie.

«YOUCAT – Tu libro de oración»

Buenos días, Señor, a ti el primero
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día:
tú eres la luz y el sol de mi jornada.

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
tú, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, Señor, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora:
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días, Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de tu muerte y de la mía!

Vamos a contemplar la forma de ser y de vivir que genera en nosotros la experiencia de Dios, como Jesús nos lo muestra.
Quien acepta y cree en Jesús tiene una forma de vivir que se distingue de los que no son cristianos. Ser cristiano es una forma diferente de ser y de vivir
Vamos a presentar siete grandes momentos de la vida cristiana.
La persona que busca y experimenta a Dios , es persona que …
1.- Cuida la vida “interior”.
2.- Vence el orgullo.
3.- Comparte la fe y se deja acompañar.
4.- Es persona “unificada”.
5.- Es persona disponible.
6.- Es persona abnegada.
7.- Es persona pobre.

Súplica

Señor, tú me conoces, dame tu luz,
Señor tú me conoces, dame tu amor.
Señor, tú me conoces, sabes que quiero vivir como hijo tuyo
Señor, tú me conoces, haz que se note en mi vida que te amo.

1.- QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, CUIDA LA VIDA INTERIOR

Para cuidar mi vida interior he de vivir la oración en sus diversas formas y participar en la vida litúrgica de la Iglesia.
He de atender de un modo especial el “examen de conciencia”, que no es una revisión de mi vida para descubrir mi pecado sino un estar atento al paso de Dios por mi vida y así dar gracias por cuanto recibo (mi familia, mis trabajos, mis ilusiones, los sucesos de mi vivir, mis cruces…) y ver cómo soy responsable de todo lo que tengo (cómo hago crecer lo dones que Dios me ha concedido, como reacciono ante algunos sucesos de mi vivir.

2.- QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, VENCE EL ORGULLO

Necesito salir de unos estilos en los que siempre me coloco en el centro y aprovecho las cosas y las circunstancia para mi propio bien. Un “yo” engordado se hace insensible.
Necesito actividades que me hagan experimentar mis limitaciones, mi debilidad, mi impotencia, mi necesidad de los demás.
Así, reconociendo mi verdad, estaré mucho más capacitado para acoger a Dios y al prójimo.

3.-QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, COMPARTE LA FE Y SE DEJA ACOMPAÑAR

He de compartir la grandeza de creer, el regalo de la fe, las crisis personales de fe, las decisiones importantes… mi visión de la sociedad, de la Iglesia, de lo que me mueve…
El compartir la fe me fortalecerá y renovará mi vida cristiana.
He de hacerme preguntas y dialogar con quien pueda iluminar mi camino cristiano.
De vez en cuando he de preguntarme:
¿Qué querrá Dios de mí?
¿Cómo he de actuar?
¿Por qué estoy en esta crisis de tibieza?
¿No me estoy acomodando al ambiente?
¿Por qué se me han oscurecido mis grandes esperanzas?

4.-QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, ES PERSONA “UNIFICADA”

Vivimos en ambientes en permanentes distracciones y estamos dispersos.
Todo y nada es importante.
Quien experimenta a Dios es una persona que sabe elegir lo importante. Una persona cuya existencia es llena y no es existencia vacía con permanente necesidad de diversión. Persona integrada pues distingue entre lo insignificante y lo valioso de su vida. Persona unificada pues no vive la dispersión de estar en todas partes y en ninguna de verdad. Persona que dedica tiempo al encuentro con Dios.
Cuando se ora se siente la necesidad de la oración.

5.-QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, ES PERSONA DISPONIBLE

La experiencia de Dios suscita, además, una actitud que podríamos llamar de «disponibilidad», en dos sentidos: dispuesto a la voluntad de Dios que se me muestra en la vida e indiferencia santa, es decir no estar apegado a cosas, personas o situaciones.
Aparecen personas que dicen de verdad «no se haga mi voluntad sino la tuya» pues saben que la voluntad de Dios es salvación para todos.
Aparecen personas disponibles, no apegadas a cosas, personas y situaciones. Disponibilidad a Aquel que sabemos que nos ama sin medida.
Disponibilidad es libertad para hacer lo necesario en conciencia ya se en el trabajo, en la familia, con los pobres, con los amigos…

6.-QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, ES PERSONA ABNEGADA

La experiencia viva de Dios suscita personas que viven la experiencia
espiritual de la “abnegación”.
Abnegación entendida «salir del propio amor, querer e interés” (S. Ignacio de Loyola)
Así la abnegación es experiencia de gratuidad.
Gratuidad que significa que no hago las cosas porque me las agradezcan, me recompensen, me alaben, sino con la generosidad que me da el sentirme previamente amado. Gratuidad que significa capacidad de resistir y de permanecer cuando hay menosprecio, olvido, desconsideración.
Gratuidad que significa no vivir obsesionado por el éxito o el triunfo, sino por el servicio y la necesidad.
Quien tiene la experiencia de Dios en la vida es activo, generoso en el servicio, constante en el amor, desinteresado en su relación con los demás. Es decir, abnegado.

7.-QUIEN SE HA ENCONTRADO CON JESUS Y LE SIGUE, ES “POBRE”

Muchas veces hemos querido ser buenos de verdad. Pero nos hemos encontrado con nuestras debilidades y con las de otros.
La vida nos ha revelado nuestras debilidades y nuestros límites. Las circunstancias no nos han permitido desarrollar tal o cual aspecto de nuestra personalidad.
Hemos experimentado que no somos perfectos. Hemos experimentado nuestra pobreza personal.
Y aquí sufrimos una tentación: replegarnos sobre nosotros mismos y resignarnos en nuestras debilidades.
Pero no hemos de resignarnos. Sino que ahora hemos de ofrecerle a Dios lo que tenemos: nuestra pobreza, nuestra debilidad. Y sabemos que el Señor no mira nuestra debilidad para recriminarnos.
Hemos de acoger nuestra debilidad.
Que después de haber negado a Jesús, como Simón Pedro, podamos decirle «Tu sabes que te quiero” (Jn 21,15) Somos débiles pero amamos a Jesús.
Este amor a Jesús levanta en nuestro espíritu fuerzas necesarias para ser cristiano, discípulo de Cristo.

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